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Su cultivo llegó a Europa y a América en el siglo XVIII, siendo considerada ya por los antiguos chinos un alimento sagrado.
En la actualidad la mayoría de las toneladas de soja que se producen en el
mundo se cultivan en: Estados Unidos, Argentina, China, Malasia, Canadá y
Brasil.
La soja posee un alto contenido de proteínas (37% de su composición) -entre dos y tres veces más que la carne-, en especial glicina, caseína y lunasina. También posee lípidos (23,5%), hidratos de carbono (23,5%) y fibra (12%).
Se trata, por lo tanto, de un alimento muy completo que contiene todos los aminoácidos esenciales, cantidades importantes de vitaminas A, D y E junto a algunas del complejo B; y minerales como potasio, fósforo, calcio, magnesio y hierro, entre otros. Pero sobre todo, contiene isoflavonas -en especial tres: genisteína, daidceína y gliceteína-, sustancias de acción similar a la de los estrógenos.
Tiene numerosas propiedades terapéuticas, las cuales son: disminuir los sofocones en la etapa menopáusica, prevenir el cáncer, las dolencias cardiovasculares -la angina de pecho, el infarto, el ictus, etc.-, disminuir el exceso de colesterol en sangre, mejorar la osteoporosis, las alteraciones producidas por radiaciones, el cansancio, el estrés, regular la tasa de azúcar en sangre (por lo que es vital su consumo en los diabéticos).
También ha mostrado buenos resultados en el alivio de trastornos del sueño y de pérdida de la libido (inapetencia sexual).
En los países orientales se come soja como una alternativa al consumo de la carne; es así que por su riqueza en proteínas y su gama completa de aminoácidos esenciales, la misma puede sustituir a este alimento o a la leche animal, siendo un producto en especial recomendable para aquellas personas que pretenden adoptar una dieta vegetariana.
La soja es muy rica en calcio, por lo que resulta adecuada para aquellas personas que no pueden tomarla porque tienen intolerancia a la lactosa. Además, comer este alimento de forma habitual es una buena manera de conservar los huesos en buen estado y prevenir fracturas. Una ración de 250 g de soja proporciona el 50 % de las necesidades diarias de calcio.
Este producto también posee mucha riqueza en fósforo, un mineral que contribuye a la formación de los huesos después del calcio e interviene en la formación de muchas encimas, además de ser importante para la salud de los nervios y el buen funcionamiento del cerebro.

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